Una experiencia de Supervivencia en la Calle, CHANGE.

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Hay quienes dicen que los videojuegos son un medio para abandonar la realidad, pero son más que eso. Hay juegos que no solamente sirven para escapar dela vida real sino también para ilustrarla.

* Portada o Header de Steam, donde el juego está disponible.

Ese es el caso de 𝗖𝗛𝗔𝗡𝗚𝗘, un juego con tintes 𝘳𝘰𝘨𝘶𝘦 y 𝘴𝘶𝘳𝘷𝘪𝘷𝘢𝘭 que te ponen en el papel de una de 5 distintas clases de vagabundo. Y aunque pocas veces representados con respeto y la crudeza de la realidad, en 𝗖𝗛𝗔𝗡𝗚𝗘 eres una persona sin hogar que tiene que lidiar con la crueldad del mundo que le rodea. Después de escoger el trasfondo de tu personaje (que los hay veteranos, adictos o quebrados) serás lanzado sin más a la calle. Donde irás aprendiendo habilidades que, con el tiempo, harán de tu supervivencia algo más fácil. Mendigar dinero, robar en las tiendas, dormir en refugios y entablar relaciones con otras personas sin hogar son solo algunas de las cosas que te verás en labnecesidad de hacer si quieres vivir un día más. Contarás con tres medidores que tienes que tomar en cuenta. El hambre, la higiene y sobre todo, la felicidad: el más difícil de rellenar y más complicado de entender. Y por lo tanto también la mecánica en torno a la cual gira la mayor parte de la narrativa.

El juego es un 𝘱𝘰𝘪𝘯𝘵 𝘯’ 𝘤𝘭𝘪𝘤𝘬 donde la jugabilidad deja de ser una prioridad ante la narrativa que intenta trasmitirte. Hay momentos auténticos, en el que la emotiva banda sonora, las dificultades por las que tu personaje pasa y la paleta de colores (que cambia según tu estado anímico) te atrapan y te ponen en los zapatos de los más necesitados. Tendrás que tomar decisiones como intervenir en un atraco y correr el riesgo de ser lastimado, pedir limosna sabiendo que la policía te puede arrestar y la que me provocó el dilema moral más fuerte: El uso de drogas y alcohol para aumentar tu barra de felicidad. Resulta que de ella depende tu capacidad para seguir adelante o rendirte. Y a veces, para perseverar en el juego, tienes que beber alcohol para parchar el dolor, usar drogas para aumentar tu felicidad temporalmente o robar y mentir, convirtiéndote poco a poco en un malviviente.

Personalmente, ahí fue donde realmente me encontré con lo que verdaderamente me tocó. Si no bebes, no eres feliz, si no eres feliz, te deprimes, si te deprimes, no puedes conseguir trabajo, si no consigues trabajo, pierdes la plata, si no tienes plata, no comes y si no comes, no eres feliz y si no eres feliz mueres, así que te echas a la bebida… cosa que en el juego te permite extender tu partida pero trae severas consecuencias. Ilustrando perfectamente lo que es realmente ser una persona sin hogar, sin todos los mitos y los escándalos en los medios de cuánto gana una persona de la calle. Más bien una vida torno a un ciclo de dificultades que orillan a todo tipo de malas decisiones que logras compartir aunque sea a través de esta experiencia única.

Si tuviera que describir a 𝗖𝗛𝗔𝗡𝗚𝗘 así lo llamaría: único. No es un juego que se exenta de dificultades.

Después de tu primera ronda cuesta un poco más animarte a retomarlo, su ritmo a veces puede ser azaroso y frustrante, y a decir verdad la jugabilidad tiende a sentirse repetitiva. PERO tiene sus detallazos, como el hecho de que puedes escoger tu género en el menú de inicio y si escoges el de sexo femenino menstruarás y enfrentaras situaciones distintas. Y esto aplica para las personas trans de igual modo. Aplaudo que suceden eventos que todos vemos normales, pero que hacen más dura la vida para las personas sin hogar. A veces llegan anuncios del periódico, sobre como han implementado nuevas leyes para la recolección de basura o han invertido más en la vigilancia policíaca. Ambas, buenas noticias para el público general pero si eres un vagabundo… Bueno.

Este es uno de esos juegos que da gusto jugar, aunque sea una sola vez. Y puede que si te obsesionan este tipo de 𝘪𝘯𝘥𝘪𝘦𝘴 quieras exprimirle hasta la última gota. Además tiene contenido de DLCs que lo enriquece. Una experiencia que no pasa desapercibida.


El Rubensan

Vago por profesión, reseñista por afición, jugando desde que nací y desde entonces soy pésimo. Me encanta escribir sobre videojuegos y sobre todo lo que me hace un teto.
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